El Bingo como juego comercializado

Un vendedor de juguetes de la ciudad norteamericana de Nueva York llamado Edwin Lowe descubrió el juego de bingo en un carnaval de Atlanta de 1929. Este vendedor de juguetes pudo fijarse que los jugadores utilizaban frijoles secos y láminas de cartón para marar los números que se iban anunciando por parte del cantor.
Además, pudo ver cómo los jugadores eran presas fáciles de la euforia y la felicidad debido a la acción que producía este juego particular y como tal intentó participar en esta exótica partida con la mala suerte de no poder ganar un sorteo.
En aquella noche cuando Edwin Lowe pudo conocer el bingo comenzó a tener una ansiedad y un entusiasmo por seguir con el juego que fue irresistible. Los jugadores se encontraban tan absortos con el juego que cuando el organizador logró decidir parar y cerrar el negocio los participantes se negaron a abandonar y solamente el cansancio los pudo vencer. Entonces finalmente cerraron a las 5 am
Luego de un recorrido largo así como de colocar cada uno de los frijoles en el lugar señalado sobre la lámina que expresaba un determinado número. Lowe, luego de unos días pensó que este juego se podía convertir en una fuente de ingresos que era muy difícil poder calcular.
Fue allí que concurrió a la tienda más próxima y logró adquirir cientos de frijoles secos a fin de preparar un sorteo de bingo a un costo bajo pero con grandes premios. Fue así que el juego de bingo comenzó.


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